Queu, la perrita que me llevó a conocer a Matty y a sus perros hace poco más de dos años, nunca ha sido especialmente cariñosa conmigo. Queu es de Matty en todo sentido. Por eso me llamó mucho la atención que en un momento dado, durante su primer día en el albergue de Arraiján ese sábado, me mirara tan intensamente, con cara de perrito preocupado. Le pregunté a Matty que qué quería Queu, y Matty me dijo “Te está pidiendo un lugar para dormir”. No le pude dar el lugar para dormir que ella deseaba, cómodo, tranquilo y calentito. Estaba lloviendo, hacía frío y el bohío estaba repleto de perritos acurrucados que no dejaban espacio suficiente para la comodidad. Lo interesante es que Queu de alguna manera entendió que ese espacio, ese albergue, tenía algo que ver conmigo y que si a alguien le podía pedir un pedazo del espacio para dormir, era a mí. También se lo pudo haber pedido a Jaime, pero bueno, a mí era a la que conocía.
La mudanza de los perros de Matty al albergue había iniciado la tarde del viernes y terminó ese sábado como a las 3AM. Matty regresó a Panamá como a las 6AM para empacar sus cosas y volver más tarde a Arraiján, pero tuvimos que regresar con ella de emergencia como a las 8AM porque muchos de sus perros se habían escapado del área cercada en la que estaban, abriendo un hueco en la puerta, para buscar a Matty. Cuando llegamos al albergue ya Jaime y unos niños habían recuperado a casi todos los perros, sólo quedaban unos cuatro corriendo por el lugar, que Matty recuperó enseguida. Ya por la tarde, mientras caía una llovizna fría, helada, nos quedamos un rato descansando bajo el bohío. Matty se sentó en una esquina de una silla que tuvo que compartir con uno de nuestros perritos. Cabeceaba tratando de dormir un poco, agotada de la noche en vela. Sus perros la miraban, pegados a la cerca, con ansias de estar con ella como siempre, y no se guarecían en la casa de madera que está para ellos, dentro de la cerca. Queu estaba muy ansiosa y decidió alcanzar a Matty, trepando la cerca para poder llegar a su lado. La vi como trepaba, paso a paso, con su barriga a toda vista. Nunca pensé que una perrita gorda pudiera tener tanta agilidad. Le avisé a Matty que Queu estaba trepando y que había que apañarla para que no cayera desde la altura. Matty subió la lomita que daba a la cerca, mientras yo la empujaba en dirección a Queu para que subiera sin resbalar por el lodo que se había formado con la lluvia.
Así que Queu quedó afuera con nosotros, primero en brazos de Matty, luego en el suelo, siempre pegada a Matty. Sí que hacía frío ese día y no dejaba de llover. No hace frío en Panamá por lo general, pero con el frente de lluvias también vino una ola de frío que se sintió en Arraiján, sobre todo porque todos estábamos mojados.
Ese día Queu la pasó mal. Creo que todos la pasamos mal.
Matty se llevó a Queu a su nuevo cuarto unos pocos días después. Entonces sólo se pudo llevar unos cuatro perros y entre ellos estuvieron Queu y su hermana. Luego se les unió Lulu, cuando al fin la encontramos. Los otros se han quedado en el albergue y Matty los va a ver y a atender casi todos los días.
Un jueves por la noche, cerca de un mes después de la mudanza, Matty me llamó por teléfono para decirme que Queu casi no podía caminar, que se caía. Le dije que le diera un meticorten y la llevara al día siguiente al veterinario. La prueba de sangre que le hicieron a Queu demostró que tenía la fiebre de la garrapata y menos de tres de hemoglobina. Se ve que el día que pidió un lugar para dormir, de verdad lo necesitaba. Ese día fue traumático para los perros de Matty, aunque lógicamente más traumático hubiera sido que se hubieran quedado donde estaban para enfrentar la crecida de la quebrada y la inundación, que algunos o muchos no hubieran sobrevivido. Pero a los perritos quién les explica eso. Su sistema inmunológico se afecta con cambios tan drásticos y la fiebre de la garrapata se dispara como resultado.
Ese viernes en la veterinaria se le hizo una transfusión de sangre a Queu porque de otra manera podía morir. La transfusión tomó sus horas así que Matty tuvo que dejarla y regresar a Arraiján. Como a las 9PM llamé al doctor y ya Queu estaba lista. La transfusión había salido bien y la hemoglobina le había subido unos dos o tres puntos, suficiente para considerarla fuera de peligro inmediato.
La fui a buscar y la traje a mi casa. Queu nunca ha sido apegada a mí, eso es cierto, pero me conoce, así que eso le dio cierta tranquilidad. La metí en mi cuarto y le acomodé una colcha para que durmiera. Esa noche sí pude darle un lugar para dormir, cómodo, tranquilo y calentito. Le di de comer, la besé como Matty me dijo que había que besarla, en su nariz, y la Queu se dejó besar, no con total confianza, pero no me puedo quejar, la niña me aceptó el beso. Luego se fue a dormir. Yo entré varias veces a verla y estaba tranquila; me miraba como diciendo que le gustaba el lugar para dormir y... que qué quería yo... que si faltaba algo todavía para que ambas pudiéramos considerar a la noche, noche.
Al día siguiente vino Matty a buscar a Queu. La encontró toda tirada en un sofá, cómoda y tranquila. Cuando Queu vio a Matty, la felicidad le regresó al cuerpo y el rabo le volvió a funcionar.
Con las semanas, Queu ha mejorado mucho. Ya lleva alrededor de un mes y medio desde la transfusión, ¿o más? El tiempo se me va y no lo puedo calcular. Dos semanas después de la transfusión la llevamos al veterinario y su hemoglobina había subido, no mucho, pero los signos eran positivos. Cada día está mejor y se ve más fuerte. El ánimo lo tiene muy repuesto. Desde el día uno de su tratamiento curativo exige pollo cocido todos los días. Ha vuelto a comer su comidita de perro porque ha recuperado el apetito, pero no se le va lo del pollo cocido. Matty sabe que lo que quiera Queu, es lo que es, si quiere la comida de los cachorros que ahora cuida Matty, pues puede, si quiere pollo, pues puede, lo que quiera, pues puede. La fiebre de la garrapata es una enfermedad que se les dispara a los perros con el estrés y durante la recuperación hay que tenerlos muy consentidos, más de lo usual para evitarles estrés adicional. Así que hay que mantener a Queu “desestresada” en lo posible, aunque se convierta en un pequeño dictador.
Queu tiene hasta su nuevo lugar para dormir, de ella sola, que comparte únicamente con su hermana que tanto la quiere. Es una casita de perro que le regalé ese día que regresaba a Arraiján para que tuviera su lugar privado en el cuarto de Matty. Cuando Matty llegó con Queu y con la casita, acomodó la casita enseguida y Queu entendió de una vez que esa casita le pertenecía. Tomó posesión de ella con total certeza acerca de su título de propiedad inmobiliaria. Uno de los cachorros trató de entrar en la casita ese mismo día para ver qué era y Queu lo largó inmediatamente y sin rodeos. El cachorro salió aterrado del monstruo que habitaba la casita nueva.
Un lugar para dormir, eso es después de todo lo que quieren todos los perritos. Un lugar para dormir en que se sientan queridos y protegidos. Llega a ser muy importante ese lugar para ellos; qué bueno podérselos dar.
Próximamente pondré una foto de Queu. Es de lo más graciosa.
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domingo, 18 de enero de 2009
lunes, 27 de octubre de 2008
SANDY Y HONEY TE BUSCAN


Cuando un animalito encuentra un hermoso hogar, las personas que estamos velando porque eso pase nos alegramos. Cuando de pronto pierden ese hogar por cualquier razón, es realmente una tragedia, sobre todo para el animalito que lo pierde.
Sandy y Honey tenían un hogar, en donde las querían y las cuidaban con mucho amor. Pero sucedió lo inesperado, su padre humano adquirió una condición de salud que no le permitía quedarse con sus perritas. El lloró, sufrió, pensó cómo hacer para recuperarlas, pero realmente no puede tenerlas con él.
Las perritas fueron llevadas al albergue de Arraiján, junto con Lady, su otra hermanita de alma. Lady parecía estar más feliz que nadie, corría de un lugar a otro, bailaba y se mojaba con las tormentas, llamaba a los gatos insistentemente desde su espacio, comía bien, y todo parecía estar perfecto, hasta que sin aviso previo, Lady tuvo un ataque de fiebre de la garrapata y murió. Según el doctor que revisó su cuerpo, la condición al parecer era crónica, había sido adquirida hacía mucho tiempo, pero supongo que se había activado por la pérdida de su hogar, tal vez sumado al hecho de que, a pesar de que veía tanto gato por los alrededores, no lograba su cometido de tener un gatito con ella, por más que les llorara y los llamara y brincara de aquí para allá para llamar su atención. La historia de la amorosa obsesión de Lady con los gatos, será para otra vez.
El día que murió Lady, llevamos a Sandy y a Honey al veterinario quien dijo que ellas también tenían síntomas leves de fiebre de la garrapata, y por tanto se les comenzó el tratamiento. Para entonces, ya llevaban tres meses en el albergue.
Para los que no lo sepan, la fiebre de la garrapata es una infección en la sangre que casi todos los perros en Panamá tienen, pero que se activa cuando el perro tiene un problema emocional. Sí, así es, los perros también tienen problemas emocionales. Por ejemplo, si se sienten abandonados, si pierden su hogar. El simple hecho de que uno se vaya de viaje, y los deje por unos días puede activar la fiebre de la garrapata. Normalmente, el tratamiento es bastante efectivo, aunque a veces, sobre todo si el problema emocional no es resuelto, la fiebre de la garrapata se lleva al perro. En Panamá se ven muchos casos de fiebre de la garrapata, hasta en la ciudad, hasta en las áreas más urbanizadas. Como una veterinaria me dijo una vez, todavía estamos en pañales con respecto a esa enfermedad. Por tanto, aprovecho para decir que uno debe estar pendiente de que el perrito reciba vitaminas, buena alimentación, mucho amor, seguridad y todo lo que le permita que su estado emocional sea el correcto. Si pasa algo, ni se sientan culpables, simplemente estén pendientes para que ese algo no se desarrolle si es posible. Un examen de sangre es todo lo que se requiere para saber si la fiebre de la garrapata está activada.
En el caso de Lady, el ataque fue masivo. En el caso de Honey y Sandy, el problema en ese entonces era leve, aunque también crónico, o sea previo a que fueran llevadas al albergue. Honey reaccionó muy bien al tratamiento, pero se le repitió porque todavía le faltaba. Sandy, sin embargo, continuó empeorando a pesar de dos tratamientos; sobre todo se le bajaron las plaquetas demasiado.
En estos momentos, y hasta dentro de unos días, Honey y Sandy están en un hogar sustituto lejos de otros perros. Pronto, sin embargo, tienen que regresar al albergue. Hay esperanza de que Sandy reaccione esta vez al tratamiento puesto que se le han cambiado las medicinas, y está en un ambiente aislado de otros perros. Es más, se ve excelentemente bien, y está de lo más juguetona. Pareciera que en efecto, la niña va para adelante. Camina orgullosa al lado de su Honey y juegan como dos bebés.
Pero hay que tener en cuenta que Sandy es una perrita que especialmente necesita su espacio propio y una familia con personas que le demuestren que ella pertenece en sus corazones. Sandy obviamente no desea compartir su espacio con otros múltiples hocicos perrunos, el único otro hocico perruno que para ella es vital por ahora es el de Honey, los otros los encuentra literalmente apestosos. Es más, ella necesita un espacio en el que se sienta totalmente libre de ser ella, y de alguna manera no se logra eso teniéndola con otros perros. Cuando Lady, Sandy y Honey llegaron al albergue, fueron puestas en un espacio amplio y cómodo, cercado, para ellas solas, pero podían ver muchos otros perros, algunos de los cuales las iban a saludar. Eso es un no-no para Sandy, que solo acepta decir hola a otros perros si le pasan al lado mientras ella pasea con su humano. Eso no es un defecto de Sandy, es solo su forma de ser. Su personalidad es amorosa, juguetona, positiva y está dispuesta a demostrarlo al que le demuestre a ella esas mismas características.
Y no hablo mucho de Honey aquí, pero lo hermosa y especial que es se ve en la foto que adjunto. Fue rescatada en el Casco Viejo por una amiga rescatista y le encanta que la lleven de paseo en carro, mirando el paisaje por la ventana. Sabe disfrutar de la vida.
Siempre hay alguien para cada quien, así que estoy segura de que hay una familia que, aunque no lo sabe todavía, está buscando a Sandy y a Honey para hacerlas parte de su vida.
Pasen la voz para encontrar a esa familia. Sandy y Honey se lo agradecerán. Por favor consideren esto un caso urgente que involucra dos corazones inocentes.
Saludos y gracias de antemano.
Mari Pily
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